SOLO ME TENGO QUE RECONCILIAR CON LOS ERRORES QUE VOLVERÉ A COMETER...
Hace unos días, estuve revisando las entradas viejas del blog, tan viejas como mi voz misma (Porque ustedes no lo saben, pero aquí fue donde aprendí a hablar) y me puse a pensar en que antes escribía aquí a diario, incluso varias veces por día, ahora me da por culpar al twitter del abandono del blog, pero no es así y de eso ahora estoy bien seguro, la razón fue simple, hoy por hoy, no tengo nada que decir.
Hace unos días, estuve revisando las entradas viejas del blog, tan viejas como mi voz misma (Porque ustedes no lo saben, pero aquí fue donde aprendí a hablar) y me puse a pensar en que antes escribía aquí a diario, incluso varias veces por día, ahora me da por culpar al twitter del abandono del blog, pero no es así y de eso ahora estoy bien seguro, la razón fue simple, hoy por hoy, no tengo nada que decir.
Todavía recuerdo como podía escribir líneas y líneas sobre Natalia, sobre María o sobre cualquier otra, porque una vez encima, todo era un remolino, realmente tuve días en los que había que gritar, bailar, beber, reír en cantidades monstruosas. Hacía daño mirarse mucho rato a los ojos. Al cabo de un tiempo, de ese tiempo tremendo, todo fue como la calma, como si todos se hubieran muerto, no quedaba nada de Natalia (Que también está muerta o algo así supongo) ni de la casa, ni de los amigos, ni de las noches de farra, ni del tiempo del sexo, porque oh sí, hubo un tiempo del sexo... en fin, no quedó nada solamente un blog vacío sin algún romántico enamorado que lo escribiera y de vez en cuando, ilusionado como hoy, soñando en revivir el blog, uno anota una entrada prometiendo hacerlo más seguido y pasan meses antes de volverlo a hacer, es extraño, pero después de mucho meditarlo recordé ese poema de Sabines que lo explica todo, en especial el por qué nadie escribe en éste blog y es fácil... "Aquí no hay una mujer"
Me pregunto qué habrá sido de aquel traje de arlequín...

1 Gatito ha muerto:
El hombre junto al mar
Hay un hombre tirado junto al mar
Pero no pienses que voy a describirlo como a un ahogado
Un pobre hombre que se muere en la orilla.
Aunque lo hayan arrastrado las olas
Aunque no sea más que una frágil trama que respira
Unos ojos
Unas manos que buscan
Certidumbres A tientas
Aunque ya no le sirva de nada
Gritar o quedar mudo
Y la ola más débil
Lo pueda destruir y hundir en su elemento
Yo sé que él está vivo
A todo lo ancho y largo de su cuerpo.
(Padilla, 1981)
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