22.6.10

Autoayuda

¿Quién entre esos que ahora te adulan y que hablan tan bien de tí, quién permanecerá por aquí en las horas bajas? Y cuando sientas que el suelo comienza a crujir a tus pies, cuando duelan el hambre y la sed, ¿Cómo te sobrepondrás?

¿Y adónde irás? ¿Qué es lo que harás cuando no esté yo? ¿Y quién por aquí mirará por ti cuando falte yo?

Y dime cuántas podrías llegar a contar, antes de que decidas dejar de contar, las noches que pasan. Y cuando suba la fiebre y el cuerpo te tiemble y no seas quién ni a gritar mi nombre, ¿Cómo te arreglarás?

Tal vez no sea hoy, ni mañana, ni al otro, pero bien lo verás, él algún día te olvidará.

¿Y dime qué es lo que ves, cada vez, que al borde de ti te asomas y no ves allí nada más que el abismo? Y aunque sé que muy pronto aprenderás a vivir sin mí

¿Dime, aprenderás a vivir algún día contigo misma?

¿Y quién entre esos que ahora te adulan y que hablan tan bien de ti, quién permanecerá por aquí para verte caer? ¿Quién vendrá con el alba y quién al atardecer, y ante todo pregúntate quién querrá hacerlo por las noches?

¿Serás feliz con lo que decidiste así... o no?


...pero óyeme, YO estuve ahí
y sé que no hay más que sobrevivientes

11.6.10

Historia de un idiota contada por él mismo

"... Iba a resultarme muy fácil, porque en mi condición de desterrado era presa ideal para otro disfraz de la felicidad: el Amor, enfermedad que ataca sobre todo a los solitarios, a los deprimidos y a los que no saben qué hacer consigo mismos..."

- Félix de Azúa,
1986

8.6.10

Lo que el ojo no ve se cubre de enfermedad

Tengo examen de "Estructuras de acero y madera" mañana a las 7am, una noche como ésta, yo debería estar en la cama desde temprano, viajando entre nubes y charlando con musarañas. Pero ésta no es esa noche. Ésta noche sube una sombra por mis sábanas, me da vueltas la cabeza y no paro de pensar.

Me perturba hasta lo más profundo la sensación de que perderte ésta vez, sea de verdad. Verás... es más fácil sentirlo que explicarlo.

Debería empezar con esa discusión que tienen Julie Gianni y David Aames en Vanilla Sky, él sube al auto de ella y ella le pregunta en repetidas ocasiones "What is happiness to you, David?", él no sabe qué responder y ante su balbuceo, Julie agrega "Coz' to me... happiness is being here with you, David".

Ésto es igual, me revuelco entre las sábanas al recordar los momentos que estuvimos juntos. Alguna vez te dije que al besarte se detenía por completo el mundo. Todavía recuerdo el impulso que sentí al decirte "No te voy a besar" y acto seguido hacerlo. En verdad no pensaba hacerlo, pero hay veces que el corazón no entiende a razones...

Es inutil... no puedo escribir y me caga dejar textos así... tan solo necesito saber si todavía me quieres como la primera vez, con eso podría irme a la cama y ya...

7.6.10

Chismes de lavadero

Fue esa noche, mientras Andrés lavaba los platos sucios, que se dio cuenta de la bendición que había sido para su vida el vivir en Puebla. Había comprendido que era tan imprescindible odiar la ciudad como amarla. Y es que Puebla, fue la salida que nadie había estado esperando. Esa noche del domingo, con la esponja para los platos, finalmente agradeció haber dejado todo eso atrás. Se dio cuenta por qué odiaba tanto juntarse con gente de la ciudad donde nació (A excepción de algunos cuantos) y es que el pasado quedó atrás, no había más vidas cruzadas, simplemente estaba él y vivía el momento.

Los errores del pasado se habían quedado detrás del detector de metales de ese aeropuerto, desde su llegada a la ciudad había conocido a las personas más excepcionales que antes jamás habría podido imaginar. Había tenido tantos éxitos que cuando la gente del pasado hablaba de él, se sorprendía de que se tratara de la misma persona. Había realizado gran parte de sus sueños y privaciones de su vida anterior. Había viajado en carretera de noche, había aprendido a cocinar, a mantenerse vivo (Y vaya que no es fácil). Había llegado al punto de poder empezar a decir "Ésto es lo que quiero hacer el resto de mi vida". También, habría que aceptar que había conocido los ojos más hermosos, había pasado noches enteras viéndolos y retorciéndose del deseo. Y fue entonces, mientras sonaba Wim Mertens y terminaba con el último plato sucio, que decidó...

... que no se pensaba detener jamás.

Todavía quedaban miles de kilómetros de carretera

6.6.10

Mi confesión: Anotaciones de un sábado de farra

Regresando de una noche en Cholula (Que por cierto, fue tremendamente aburrida) me detuve en medio de ese antro piltrafón y he ahí que me puse a reflexionar y es que el destino no avisa y llega cuando menos lo estás esperando.

Lo que realmente ocurrió es que estando ahí, en medio del bullicio, de toda esa gente en el acto animal (Y es que hay veces que mis palabras surgen rebosantes, como flotando en la humedad) recordé una conversación que tuve con @mishafu en algún momento de ésta semana. Ahí estábamos los dos, sentados en algún corredor de la universidad, cuando le dije "He llegado a un punto en mi vida, a mis 20 años, donde no me atrevería a decir una de esas frases trilladas tipo: Esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Pero lo que sí me atrevería a hacer, es afirmar aquellas cosas que en verdad no quiero hacer jamás". Y fue hace una hora o dos, en medio de tanta gente que logré continuar esa lista mental, ese decálogo de las cosas que yo me prohibiría hacer.

No sabría ni por dónde empezar a enumerarlas, quizá la primera de ellas y eso porque es la que siento más inmediata es que nunca quiero ser uno de esos tipos que van a antros jodidos, beben lo que encuentran y sienten que todos están ahí buscando aparearse como ellos. Y es que de entrada, nunca me atrevería a decir "Es que me gusta el antro" porque no es así, una vez alguien me reclamó "No podría andar contigo porque no te gustaría acompañarme al antro". Es cierto, soy un tipo de bares, de carretera de noche, de cerveza bien fría, tabaco bien fuerte y música instrumental. Uno de esos cabrones con delirio cosmopolita y es que no se trata de traer un Mercedez del año, se trata de poder disfrutar un whiskey, no digo bueno, solo pido no sentir la  quemazón en el estómago.

Volviendo al antro, #YoConfieso, que me he acostado así, sin más, pocas veces. Pero yo también estoy hasta la madre de ser uno de esos poetas de bragueta y revolcón. La última vez que me acosté, así, sin más, amores de entrepierna y nada más, fue hace unos 6 o 7 meses y todavía conservo esa sensación de desagrado, ese sabor amargo en la boca. Y es que nunca he querido ser ese tipo de cabrón, curiosamente, desde esa noche me empezaron a pasar muchas cosas extrañas, claro que sé que no fue alineación planetaria, fue más el comprender que yo soy mi propia tormenta de arena. Y entonces, ocurrió lo que menos esperaba, un buen día me decidí a decir la verdad sobre lo que sentía, jugué todas mis cartas e inicié la relación que en éste momento me cimbra las piernas y me hace estar escribiendo éstas pendejadas a ésta hora.

Y es llegado a éste punto que puedo decir otra cosa que nunca quiero: nunca quiero volver a ser esa persona y aunque hacer las cosas con el corazón termine volviéndome un torbellino por dentro, siento esa satisfacción de poder decir que cada momento que paso contigo lo vivo con todo el corazón.

Y así me podría seguir escribiendo tantas cosas que no quiero, con éste desazón. Realmente la razón por la que empecé a escribir ésto (Y sonará pleonásmico, pero no lo es) es que no quiero hacer nunca esas cosas que no quiero hacer nunca.  ¿Me explico?

No quiero tener que volver nunca a casa de mis padres, no quiero tener que regresar a Tapachula jamás, no quiero ser un arquitecto dibujante, no quiero volverme un ser superfluo, no quiero dejar de ser esa persona que deja huella en todos los que lo conocen (Porque creo que lo he sido), no quiero tener que depende de nadie y en ningún sentido, no quiero estar esperando a que marques o mandes un mensaje, ni tú ni nadie, no quiero dolores de estómago, no quiero la cruda del domingo, no quiero tener que elegir un camino, no quiero sentirme vacío jamás, no quiero dejar de leer poesía, no quiero dejar de escribir, no quiero verme jamás como esos tipos ridículos que vi hace rato en Cholula, a sus 30 y tantos años, vestido como ingeniero, completamente sudados, no quiero gastarme la quincena con la primer gata que se me cruce, no quiero olvidar tus ojos claros, no quiero olvidar cómo me conmueve tu rostro, no quiero quedarme sentado aquí, viendo mi vida pasar, no quiero comer frijoles, ni quiero comer huevo, no quiero dejar de viajar por carretera, no quiero que nadie me llore el día que me muera, no quiero que nadie dependa de mi, no quiero vivir eternamente, no quiero un amor civilizado, no quiero contigo, ni sin ti, no quiero sentir que te persigo, ,no quiero tenerte que prometer que la próxima vez va a ser perfecto, no quiero tenerte que decir que somos amantes fuera de tiempo, que te conocí en un momento muy complicado de mi vida, no quiero tenerme que sentir como ésta canción, no quiero que esa canción o cualquier otra me la vuelvan a cantar, no quiero tener miedo nunca más y lo más importante:

No quiero mentirle nadie

No quiero que nadie mienta por mi

No quiero lastimar a nadie

Y no quiero que nadie lastime por mi


Alguien me dijo un día:


"Andrés, yo solo quiero ser feliz...." 


YO TAMBIÉN

6.5.10

Morir o matar

Te sentaste justo al borde del sofá como si algo allí te fuera a morder. Dijiste: "Hay cosas que tenemos que aprender, yo a mentir y tú a decirme la verdad, yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad, tú a morir y yo a matar." Y después se hizo el silencio y el silencio fue a parar a una especie de pesada y repartida soledad, y la soledad dio paso a un terror que hacia el final nos mostró un mundo del que ninguno pudimos escapar...

Y así eran nuestras noches y así era nuestro amor, comenzaba en el silencio -->, continuaba en el terror -->, y otra vez de allí al silencio -->.

Dime: ¿Para qué hablar de lo que pudo haber sido y de lo que jamás será, tratando de adivinar qué fue eso que hicimos tan mal?

Si, en fin, se trata de morir o de matar... 

Así que, si aún andas por aquí, y alguien vuelve a prometerte amor, con dinero, encanto y alguna canción, por favor, prepárate para huir.

Vete lejos y limítate a observar esta escena tan vulgar.

Conocí a unas cien mujeres y a cincuenta enamoré, conocí a otros tantos hombres y con tantos me acosté y fundí todo el dinero y la gente se cansó de escuchar noche tras noche la misma triste canción.

Y ahora veo que el universo es un lugar vacío y cruel, cuando no hay nada mayor que su necesidad en él. Y encendiendo un cigarillo se comienza a torturar y habrá cerca alguien gritándole "hágase tu voluntad" y el "la culpa sólo en parte es mía y en parte lo es de los demás". De lo que se trata es de morir o de matar, de morir o matar.

Fue aquella gitana que nos leyó el porvenir, dijo "uno es el asesino y el otro el que va a morir".
Y salimos de allí y me mirarte asustada y el miedo sonó en tu voz: "antes de que tú me mates, prefiero matarme yo".

Y emprendiste así tu huida y yo corrí a mi habitación y mezclé en una cuchara el polvo blanco y el marrón. Y con la sangre aún resbalando te llamé desde ese hotel:

"Por favor, entiende que algo no funciona en mí muy bien".

Y al otro lado te oí llorar y yo seguí y no colgué, y me suplicaste:

"Déjame de una vez, déjame de una vez".

Y tus párpados cayendo se me antojan guillotinas, y te observaré durmiendo y me pondré a susurrar:
"Nuestras almas no conocen el reposo vida mía, pero si hay algo que es cierto es que
te quiero un mundo entero con su belleza y su fealdad. ¿Por qué no puedes aceptar que esto no se trata más que, amor mío, de morir o de matar, de morir o matar?"

Moriré, moriré, moriré ...
moriré, moriré y es lo único que sé.
Moriré, moriré ...
moriré y cuando lo haga al fin ya nada va a impedirme descansar
y así obtendré la santa paz que en vida no gocé jamás,
pues hasta morir la única opción siempre es matar, siempre matar.

2.5.10

De la locura y otras máscaras

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

- ¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a
refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

- ¡Miren! ¡Es un loco!

Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma
se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

- ¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!

Así fue que me convertí en un loco.

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser
comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón
encarcelado está a salvo de otro ladrón.

23.4.10

La insoportable levedad del ser

"Mirar con impotencia el patio y no saber qué hacer; oir el terco sonido de las propias tripas en el momento de la emoción amorosa"

- Milán Kundera

¿Recuerdas?

La noche en tu espalda

De haberlo sabido, no hubiera dado todo en un principio
No hubiera sido la noche en tu espalda
Ni congelándote de frío
No hubiera sido tan duro contigo
No habría corazón en la garganta


Peor que el olvido, fue frenar las ganas de verte otra vez
Peor que el olvido, fue volverte a ver

Me sobran los motivos, pero me faltas tú sobre mi cama
Ahora las calles están llenas de bandidos, cuando necesito de tu madrugada
Cuando ya te has ido
Cuando me parte en dos el alma


No hubiera dudado en quedarme contigo... de haber sabido cuánto yo te amaba

- Enrique González


Extiendo la mano y tomo otro cigarrillo del paquete. Lo enciendo delicadamente, con movimientos lentos, como meditados. Doy una calada fuerte al tabaco, subo el volumen y me tumbo de espaldas, recordando que yo soy mi propia tormenta de arena. Y fui yo quien eligió la distancia, me llega esa frase "La noche en tu espalda" porque hoy también es noche de estrellas, como tú y yo aquella noche, que brillamos como dos estrellas.

Después de todo, yo siempre he sido así

Somos kamikazes enamorados

Solo pistoleros de sangre caliente


15.4.10

Kafka en la orilla

A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.
Kafka en la orilla -
Haruki Murakami
Y es que yo no sé cómo me metí en todo ésto
(Vidas que dejé cruzadas, vienen encendiéndose)